LIBÉRATE DEL MIEDO A EQUIVOCARTE (parte 1)

                                                   rendirse

El miedo es una emoción primaria que podemos sentir al recibir un estímulo externo o interno y cuya intensidad puede llegar a grado superlativo.

El miedo que se conoce como adaptativo o saludable es aquél producido por un estímulo externo (real) o amenaza y que nos prepara para el ataque o la huida. Nos vale como ejemplo tener un perro delante de nosotros que nos enseña los dientes con furia. El estímulo es recibido por la corteza cerebral quien envía una copia de la información a la amígdala y ésta a su vez a otras partes del cerebro para que se pongan en marcha todos los recursos (hormonas y otras sustancias químicas) que nos capaciten para una respuesta rápida y eficaz. Concluido el peligro el cuerpo y la mente recuperan su estado. En este caso no cabe duda de que el miedo es algo beneficioso y necesario que nos protege.

Existe otro miedo primario que es justamente lo contrario al anterior. Es desadaptativo y no saludable porque se produce como una reacción a pensamientos, sentimientos y/o recuerdos asociados con frecuencia a eventos traumáticos y que al ser evocados producen en el individuo un estado similar que cuando se sufrieron. Este tipo de miedos o fobias se pueden tratar con ayuda del terapeuta y facultativo correspondiente.

Un tercer tipo de miedo o ansiedad que pertenece al grupo de las emociones secundarias que son las que se producen en nuestra relación con otras personas. Generalmente, este miedo viene causado por la inseguridad en uno mismo ante la creencia de que nos faltan recursos para enfrentarnos a la situación o por las consecuencias negativas que pudiera traernos el enfrentarlo. Pongo como ejemplo no decirle al jefe lo molesto que me siento por lo mal que me ha hablado delante de mis compañeros pues podría despedirme o cogerme manía. En este caso lo que solemos hacer es creer que “ignoramos” nuestro miedo y decidimos “actuar” como si no pasara nada, lo que nos suele ocasionar a corto plazo un conflicto con nosotros mismos y que podemos arrastrar por mucho tiempo.

Nuestro mayor enemigo es el “miedo autoaplicado”. Este es el que nos coacciona, nos impide sentirnos libres para decidir y luchar por lo que realmente deseamos. Este miedo lo ocasiona uno mismo con pensamientos irracionales, creencias limitantes y argumentos irreales. Es este el que nos martillea la mente con los “y si.…”, “soy incapaz…”, ” no soporto….”, “me da pánico.…” No sigo pero hay muchos ejemplos más.

Este compañero de viaje es el que nos empuja a no salir de la zona de seguridad porque “y si me equivoco”.

Dice el Dalai Lama, Tenzin Gyatso, según publicaba el periódico El Universal Nación de México, que existen dos miedos, el que se justifica y el que está dentro de la mente. Ante el primero hay que tomar medidas y protegerse del peligro. El otro, el que está sólo dentro de la mente, hay que estudiarlo y liberarse de él.

En el siguiente post aprenderemos cómo “estudiarnos” los miedos para poder trabajar los pensamientos de forma sana.

¿Me permito cometer errores?

¿ME PERMITO COMETER ERRORES?

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¿Qué es el realmente lo que nos limita a la hora de tomar una decisión en el momento de correr un riesgo o de emprender una nueva actividad?

El miedo a equivocarnos es el freno más potente para descartar cualquier cosa que nos haga salir de nuestra zona de confort. Pensamos que, al fin y al cabo, es mejor quedarme como estoy no vaya a ser que meta la pata y luego tenga que aguantar los “te lo dije, yo ya lo sabía” de los demás o, peor aún, el juicio más demoledor que, sin duda, es el que nos aplicamos a nosotros mismos.

¿Acaso es sensato pensar que Einstein o Newton no cometieran errores? La historia de la humanidad nos ha dejado un amplio abanico de anécdotas que los grandes genios experimentaron a través de sus errores porque un día no tuvieron miedo de probar. Si no de qué otra forma podríamos haber avanzado.

Alexander Graham Bell inventó el teléfono sin proponérselo cuando trabajaba por mejorar el telégrafo. Alfred Nobel, inventor de la dinamita, perdió su fábrica de nitroglicerina con una explosión y el gobierno no le dejó reconstruirla por considerar que su ciencia ponía el foco en la destrucción.

Thomas Alva Edison creó mil bombillas inservibles antes de crear la bombilla eléctrica tal y como la conocemos hoy. Cuanto más erraba más aprendía y más se acercaba a su descubrimiento. Su perspectiva del error ha sido y será fuente de inspiración para muchos de nosotros : “No fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos”.

Y no hace falta mirar tan arriba ni tan lejos, estoy segura de que en tu entorno conoces a alguien, quizá tú mismo, que no teme equivocarse y persiste en su idea y su idea crece con él. A mí me ha servido como ejemplo el tesón de mi padre. Incansable hasta tener un EUREKA! o llegar al convencimiento de la imposibilidad de su consecución. Le he visto desde niña arreglar todo tipo de cosas, fueran o no de su competencia. Abría, desmontaba, soldaba, volvía a montar, probaba…..Aún hoy a sus 73 años sigue siendo una mente inquieta y antes de rendirse, prueba. Ahora que lleva unos años jubilado le he visto idear, ingeniar, diseñar y fabricar una herramienta que le permitiera llegar donde no podía. Yo le digo que es un “neurocirujano de la mecánica y la electricidad” y él se rie.

Permítete la posibilidad de valorar el error como una oportunidad de crecimiento, de expansión, de resultados no esperados repletos de conocimientos donde poder determinar qué acciones cambiar para obtener nuevas respuestas. Es este el camino donde sentirnos liberados de presiones, donde experimentar los intentos, los cambios, la tolerancia, y el éxito. Concédete la libertad para equivocarte y disfruta de cada intento.

 “Líberate del miedo a equivocarte”