DEJAR IR…

Dejar ir, soltar,  es quizás, de las cosas que más nos cuestan. Lo paradójico es que muchas veces no soltamos ni siquiera lo que nos hace daño.

Pareciera que llevásemos instalado un software que no nos permitiese deshacernos de lo que no queremos o no necesitamos …y la cosa no va del todo desencaminada.

A nuestro cerebro no le gusta nada, pero nada, eso de perder y si a esto le añadimos lo adictivas que son algunas emociones, pues pa, que queremos más.

‘Dejar ir’ es doloroso y se necesita mucho coraje para recorrer el camino. Estoy pensando en un amor no correspondido, en un hij@ que nos dice adiós, en una oportunidad muy esperada que tenemos que rechazar, en una amistad que se rompe…Todas tienen en común dos cosas principalmente. La primera, es que amamos profundamente aquello que se nos va y la segunda es que no somos nosotros quienes deseamos apartarlo.

Y qué me decís cuando lo que hay que soltar es aquello que nos está haciendo daño, que nos desagrada, nos hace infelices y ya no nos gusta tenerlo en nuestras vidas. Aquí, en principio, no parece que tengamos excusas. Somos solamente nosotros quienes debemos tomar la decisión y decir basta!.. pues en esto tampoco nos lo pone fácil la mente.

A veces, las personas se dan cuenta de que prefieren conservar el sufrimiento, el enfado, la frustración, el asco o la pena porque si lo dejan marchar no tienen con qué llenar sus vidas. 

Tanto si la situación nos viene impuesta como si es tolerada la única vía es ACEPTAR, HABITAR LA EMOCIÓN Y DEJARLO MARCHAR. De lo contrario quedaremos enredados en una espiral que nos impedirá volver a poner dirección a nuestras vidas.

Qué y cómo podemos hacer para salir de esta espiral.

En primer lugar es necesario DARSE CUENTA, reconocer que existe esa circunstancia en nuestra vida. Pueden ayudarnos preguntas como ¿para qué me estoy aferrando a esto? ¿ de qué manera esto que estoy haciendo/pensando/sintiendo me acerca a conseguir lo que quiero? 

El siguiente paso sería ACEPTAR. Aceptar nada tiene que ver con resignarse. Tiene que ver con acoger esto que la vida nos trae en este momento y hacernos conscientes de que la pérdida viene acompañada de emociones como la tristeza o el enfado. Aceptar que el duelo forma parte de la sanación. 

HABITAR la emoción sería otro paso más hacia la liberación. Si lo que apetece es llorar, gritar o estar a solas concedernos el derecho de expresarlo evitando juicios sobre nosotros mismos pues de lo contrario aumentarán nuestros pesares. Aquí habremos de ser pacientes. El duelo lleva su tiempo y este varía en función de cada persona. 

AMARSE uno mismo es la cuarta recomendación. Cuidarse, excederse con las risas, los abrazos,  rodearse de personas que nos hacen sentir bien y/o aprender algún hobby pueden hacer más llevadero este periodo y acelerar nuestra recuperación. Y extremadamente beneficioso para no “engancharnos” a la tristeza. Esto pasará como pasa todo en la vida.

QUERER dejar ir es CREER que, a pesar de todo, podemos y merecemos ser felices. Que cada uno de nosotros tiene los recursos y el merecimiento de serlo, que para volver a sentirnos plenos hay que ponerse en marcha y que para avanzar hay que quitar el freno y llevar en la maleta lo que sí necesitamos.

El verano es un buen momento para despertar de nuevo a la vida. SER FELICES es una obligación y no un privilegio.

FELIZ VERANO