RETOS

20150714_181414                                                                                            GLASSWALKING

Cuántas veces a lo largo de la vida tenemos que transitar por caminos inciertos y dolorosos, a veces por decisión propia y otras porque la misma vida nos obliga a tomar. Los caminos son como son y cuanto antes lo aceptemos antes pondremos nuestros esfuerzos en superar las dificultades. De nada sirve contar las piedras del camino. Tenerlas en cuenta, sí, para saber qué nos hará falta para transitar por ellas.

En enero comencé a formarme como Coach. Sabía que sería duro pues debía enfrentarme a mis miedos y poder verme detrás de la máscara que inevitablemente me había forjado. Esa máscara que me protegía de mis debilidades, frustraciones y limitaciones.

Nada ni nadie podía garantizar que la experiencia no fuera dolorosa, dura y difícil. Tenía miedo. Miedo a saber quién era yo porque una vez que lo descubres ya no hay vuelta atrás, te guste o no lo que ves.

El martes pasado, después de siete meses de formación y de experiencia personal me vi frente al último camino que podía recorrer acompañada por el  entrañable grupo humano con quien he tenido la fortuna de compartir estos valiosísimos meses. Era la forma simbólica de saber con qué recursos internos podía acompañarme para superar un reto más en mi vida. Caminar descalza por una senda de cristales rotos, que crujen y se rompen cuando los pisas, impone. Lo miraba desde mi silla y sabía que quería hacerlo. ¿Para qué? Simplemente para confirmar una vez más que es la mente quien tiene todo el poder, que la tenía suficientemente trabajada como para confiar en que nada me pasaría y que cuando llegase al final y mirase atrás sólo pudiera sentir la satisfacción de haberlo conseguido, con mis miedos, con mis debilidades pero también con fortaleza, determinación y confianza. Y lo hice. Y supe, entonces, que asumir riesgos desde la responsabilidad y el compromiso cuando se tiene la certeza de que merece todo el esfuerzo lo que nos espera al otro lado del reto, es la más gratificante de las recompensas.

Hoy sé que soy fuerte, valiente porque enfrento mis miedos y no me dejo vencer por ellos y que viajar sin piedras en la mochila es más posible de lo que imaginamos.

Os dejo un hermoso cuento que aprendí durante mi formación y que llevaré siempre conmigo.

CARGAR LAS PIEDRAS

Hu-Ssong propuso a sus discípulos el siguiente relato:
– “Un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra. Igualmente la cargó. Todas las piedras con las que iba tropezando las cargaba, hasta que aquél peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar. ¿Qué piensan ustedes de ese hombre?, preguntó a sus discípulos”

– “Que es un necio”, respondió uno de ellos. “¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?”

Dijo Hu-Ssong:

– “Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro.”

Y doy fe de que así es.