EL BAMBÚ JAPONÉS

Durante mi formación como Coach conocí esta historia tan curiosa de la mano de Gema, mi mentora. Es posible que esté muy trillada aunque cuantas más veces la leo más paz me aporta.
Nuestra tendencia a la impaciencia, a la obtención de resultados rápidos y las prisas por satisfacer nuestros deseos nos impiden la mayor parte de las veces disfrutar del proceso, que es en mi opinión donde reside el mayor placer.
Recuerdo ver a mis hijos dar sus primeros pasos inciertos, tambaleantes….ver sus caritas de sorpresa y de felicidad, a veces de frustración y angustia, otras de llanto. Y así, sin apenas tener recursos, perseveraron ante las dificultades hasta que consiguieron echar a andar ellos solitos.
Seguramente es un logro al que no le damos gran mérito aunque realmente para conseguir cualquiera cosa que nos propongamos hay que ponerle los mismo ingrendientes: tesón, esfuerzo y constancia.
Ahí va la historia y una foto de un bosque japonés que me ha regalado Lola González, gran amiga, gran fotógrafa y mejor madre. Me contaba que cuando visitó este bosque sintió una paz extraordinaria, quizá el propio bosque emita la misma calma que se siente cuando sabes que eres y estás donde quieres estar.
Espero que te guste.
“No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada gritándole con todas sus fuerzas: “¡Crece, por favor!” 

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. 

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo 6 semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. 

En la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente el resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. 

Y esto puede ser extremadamente frustrante. En estos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, en tanto no bajemos los brazos ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos, sí que está sucediendo algo…dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.
 

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes. Quizá sólo estés echando raíces”

                                                        BOSQUE DE BAMBU